martes, 30 de junio de 2009

Una historia de esas mías

~Intro~

Mi padre, mi mentor... Sólo tenía 15 años cuando conocí a la persona que más tarde se convertiría en mi ruina, mi derrota.
Empezaba a formar mi personalidad cuando nos cruzamos en una esquina. Esa tarde llovía, yo sólo tenía un largo saco negro hasta los tobillos y un paraguas rojo. Él venía fumando bajo su capucha negra.
Sonó una sirena. Se detuvo adelante mío, levantó la cabeza y sonrió. Me tomó violentamente del brazo, me acercó a una pared y me besó: mis ojos se abrieron de pura sorpresa y lo miré, directo a sus ojos verdes, algo azulados. La sirena se alejó, nos separamos.
'Gracias niña', me dijo y se fue caminando.
Sólo atiné a murmurar un 'De nada', que fue más como un pensamiento.
Esa tarde lluviosa marcó el comienzo de mi fin. Aunque yo, una enana rubiona, todavía no lo sabía.




~La práctica~

Un mes después de mi encuentro con... esa persona, estaba sentada en mi habitación, leyendo, cuando sonó el timbre de la posada donde vivía. No le presté mucha atencion ya que mi libro estaba demasiado interesante como para distraerme a ver quién era el desubicado que venía a refugiarse a las 23 pm.
Escuché a la señorita Gray calzarse sus botitas, agarrar las llaves y...
'¡Oh, Dios mío! ¡¿Qué le pasó?!', ese 'grito' llamó mi atención y me asomé a ver que pasaba. Liz, mi compañera de piso, saltaba emocionada hacia mi:
'¡Un accidentado! ¡Un accidentado! ¡¡La policia le dio bien duro!!'. La miré con cara de preocupación y bajé a ver al 'accidentado'. Gray me echó del living al ver mi cara pálida y sorprendida: el 'accidentado' era el chico de capucha negra.
Me corrí contra una pared mientras veía cómo lo llevaban a mi habitación. Subí atrás de la caravana y Gray me dijo: '¿Zöe, podrías cuidar de Sebastián? Sos la única que siguió el curso de primeros auxilios. Es hora de llevarlos a la practica'. 'Seguro', contesté subiendo las escaleras que llevaban a mi habitación.
Cuando entré, Sebastián estaba sobre mi cama, la cara golpeada y la ropa destrozada. Abrió los ojos y me llamó con un gesto de la mano; me acerqué con cautela:
'Niña... Rompí tu paraguas cuando entré', dijo sonriendo. No pude evitar sonreir y Sebastián cerró los ojos.
Comencé a limpiar la sangre seca de su cara mientras él dormía. Tenía la piel bastante lastimada, una nariz que cuadraba perfectamente con su semblante serio. Cuando terminé de secar la sangre, comencé a curar sus heridas; al terminar mi 'turno de enfermera' bajé a cenar y la señora Gray me llamó a un aparte: 'Zöe, no tenemos suficientes habitaciones asi que Sebastián tendrá que quedarse en tu cuarto por un tiempo'
Rápida y sin anestesia, la noticia de Gray tardó en caer del todo en mi cabeza. No me molestaba compartir la habitación con nadie, pero Sebastián era... Bien, no temido, pero me causaba desconfianza.
Cuando recuerdo esa época, deseo nunca haber sido tan compasiva. Si hubiera sabido en que me convertiría después de esos años...





~Despertar, mi cama helada~

'¿Y por qué te perseguían?', le preguntaba Liz a Sebastián. Yo miraba la escena al lado del fuego, mientras escuchaba la lluvia que golpeaba la ventana. Esto ocurría unas semanas más tarde de la llegada de Sebastián.
'Dale, decime... ¡¡Contanos por qué Sebas!! Soy muy...'. '¿Molesta, insistente y pesada? Seguro que si.' la interrumpió Sebastián, mirándola con desagrado. Liz se levantó ofendida y se fue corriendo a la cocina. Sebastián se levantó con dificultad y se sentó a mi lado.
'Niña, ¿en que pensás?' me dijo sonriendo. Me dí vuelta en la silla para encontrarme a menos de 10 cm de la cara de Sebastián. Me tiré para atras al ver que sus ojos estaban azules. 'Tus ojos...' le dije con una mezcla de espanto y sorpresa. '¿Qué con ellos?', le acerqué mi espejo y me dijo: 'Ah, no es nada. Se ponen verdes cuando estoy triste.'
'Entonces...', recordé el color de sus ojos la primera vez que nos vimos. Eran verdes, casi azules, pero definitivamente verdes '...-aquella vez que... Nos cruzamos...', 'Si, estaba triste.'
'¿Por qué?' la pregunta salió disparada de mi boca sin haberla pensado. 'Perdón, olvida lo que...'
'Está bien. De alguna manera u otra se va a saber. Ví a mi hermana morir', sus ojos empezaron a aclararse y se empañaban de la tristeza que le causaba recordar.
Me acerqué a Sebastián con cautela y lo abracé. Respondió a mi abrazo de una manera fria y vio que mis ojos estaban algo humedos. Me acarició una mejilla y una lágrima se desprendió de mi ojo derecho. Se acercó mas a mi, mirándome fijo a los ojos, penetrando cada esquina de mi cerebro. Me pasó una mano por la cintura y acercó su boca a la mia. 'Prometo conseguirte un paraguas rojo Zöe', era la primera vez que decía mi nombre.
'Hmm, hmm...', Gray estaba detrás de nosotros viendo la escena, '...es hora de cenar.'
Me levanté de mi silla y fuí al comedor, sintiendo mariposas consumiendo acido en el estómago. Sebastián venía detrás mío.
'¿Dónde estaban?' preguntó Keen, uno de los chicos que vivía en la posada y mi mejor amigo.
'En el living', le dije poniéndome colorada. Mi voz se elevó una octava de lo normal y Sebastián me miró cuando pasó al lado mío. 'Vamos a comer, ¿si? Prometo contarte todo más tarde', lo último dicho en un susurro.

Después de comer, me fuí a dormir porque mi cabeza explotaba. Me bañé, me vestí para dormir y cuando me metí en la cama, el dolor se estaba yendo.
A la media hora de que me acosté, siento que alguien se mete en mi cama.
'Soy yo niña'. Sebastián se acomodó completamente vestido a mi lado. Giré muy violentamente y me golpeé con la frente de Sebastián, por cierto un cráneo muy duro.
'¡¡Ayyy, la puta madre!!' me quejé. Sebastián abrió los ojos azules muy grandes. 'Nunca pensé que te iba a escuchar putear...', lo miré con cara de odio y le dije que no lo hubiera hecho si no se hubiera metido en mi cama.
'Es que sos la única con la que me hablo. Aparte llevaron mis sabanas al lavadero de acá a la vuelta y con este invierno me moriría congelado.'
'Pff, qué excusa tan mala' le contesté. Me moví un poco más cerca a él (su perfume me estaba dejando idiota) y lo miré, tratando de descifrarlo. Me sacó de mi estado de cuasi-hipnosis y me preguntó: 'Cuantos años tenes Zö?' le dije que 15 y le pregunté a él cuántos años tenía. '23, cumplí en agosto'. A eso le respondí que yo en septiembre cumplía 16. 'Ah, ¿cuándo? ¿Qué fecha?' 'El 20', miré el celular. Eran las 0.02 del 20/9. 'Hoy. Wow, ya tengo 16...'
Me abrazó por la cintura, se acercó a mi cara con los ojos cerrados y murmuró: 'Feliz cumpleaños niña', abrió los ojos y mientras me comía con la mirada me besó. Yo lo miraba mientras me besaba y me estremecía debajo de la ropa: temblaba, pero no tenia frío. Sebastián cerró los ojos y puso su mano en mi espalda por abajo de la remera. Lo imité y el beso se hizo más apasionado. En un impulso le saqué la remera y él a mi: comenzamos a desvestirnos, tratando de no hacer ruido, ya que había más personas en mi piso. Me desnudó por completo y comenzó a pasar su lengua por mi espalda, giré con rapidez... Comenzó a lamer el sudor que corría por mi cintura y subió hasta mi cuello.
Me penetró con fuerza y apenas me dio tiempo a respirar cuando comenzó a acabar adentro mio; tuve un orgasmo al poco tiempo y me siguió haciendo el amor con toda la violencia que le permití, mientras le clavaba las uñas en la espalda y le mordía el hombro dejándole las marcas de mis dientes.
Al dia siguiente no estaba en mi cama.