El mozo, joven y cansado de lidiar con jóvenes problemáticamente seductoras, va detrás de la barra de armas a buscar el arma perfecta cantando Miss Gradenko: 'i didn't want to rock your boat, but you sent this dangerous note, you've been letting your feelings show'.
La niña desubicada fuma un cigarrillo, tomando de a sorbos un vodka barato, se cruza de piernas y mira al techo del bar de buena muerte a repetir una historia que no sabe cómo empezó ni cómo terminará.
El mozo vuelve con el arma, brillante, plateada y discreta: "es hora señorita". La niña desubicada se levanta y le dice: "perdoname sabés? Sólo lastimamos a los que más queremos".
El mozo le devuelve una mirada compasiva y triste: "lo sé, pero es lo que tenés que hacer hoy. Te perdono hoy y siempre".
La niña desubicada sonríe con timidez: "nos vemos en un rato", y aprieta el gatillo. El mozo cae. Aprieta el gatillo. La niña desubicada cae.

